SEMANA 6: El lenguaje inclusivo y participativo.


A riesgo de caer en el cliché de la clase y usar la metáfora de los buñuelos en relación al proceso de escritura, esta bitácora partirá de la base de que la masa para quien hace buñuelos es lo que las palabras para el periodista: ambas son la materia prima de su respectivo oficio. De esa manera, del tratamiento de estas, dependerá la calidad del producto final, pues tal y como lo enunció Cortázar: 

“Si tienes alguna cosa que decir y no la dices con el exacto y preciso lenguaje con que tiene que ser dicha, pues de alguna manera no la dices, o la dices mal.”

Así, considerando lo importante que es para el cumplimiento de las funciones sociales del periodismo un manejo acertado de las palabras y de la comunicación, aunque evidente, es necesario precisar que, como parte de esto, la escritura juega un papel clave del que depende la calidad del trabajo periodístico, al menos en lo que respecta a los medios de comunicación escritos.

Las últimas clases de información y documentación se han centrado en el estilo de escritura APA aplicado a artículos académicos. En general, la temática me ha hecho reflexionar sobre la manera en que, pese a que un manejo mínimo y decente de la escritura debería ser requisito obligatorio para cualquier estudiante de Comunicación Social, muchos tenemos problemas y dudas sobre asuntos básicos relativos al manejo de signos como los guiones y las rayas e incluso algunos  signos de puntuación, como el punto y coma u otros temas como la forma apropiada de escribir las siglas y acrónimos.

Así, pese a que la vasta mayoría de la clase y de las exposiciones han sido sobre la escritura para artículos académicos, además de aprender la forma correcta de escribir un título, construir el resumen de un texto de investigación, las acciones que se constituyen como plagio, la cantidad de espacios que debería o no haber entre una y otra palabra o los aspectos a evitar en la escritura, tales como los eufemismos, la voz pasiva, entre otras cosas, también he adquirido nuevos  conocimientos  sobre  otros temas que pueden resultar más prácticos para la redacción de textos de tipo periodístico.

De esta manera, las últimas clases han sido una oportunidad de aprendizaje respecto a asuntos tan aparentemente sencillos como los ya mencionados, así como otros de mayor relevancia para la escritura en el periodismo, relacionados con el uso adecuado del lenguaje para evitar discriminación u ofensas hacia grupos específicos de la sociedad como la comunidad LGTBIQ, los indígenas, la población negra, las mujeres y hombres de la tercera edad, entre otros.


Más allá de la necesidad de ser “políticamente correctos”, desde el ejercicio del periodismo, y debido a la responsabilidad y compromiso social que acarrea el oficio, es clave aprender a escribir de forma inclusiva con las formas de expresión, el vocabulario y palabras oportunas y adecuadas a la hora de informar sobre asuntos de género y orientación sexual o de identidad étnica y racial. Todo esto, en aras de informar con la mayor precisión sobre las luchas y esfuerzos de estas comunidades y evitar la difusión de prejuicios, estigmas o terminología ofensiva que pueda llegar a  atentar contra la dignidad de las personas.

Los temas mencionados en el párrafo anterior, de un modo u otro, hacen parte de la agenda pública y mediática de la actualidad, de ahí la urgencia de cubrirlos y desarrollarlos desde posiciones informadas. Así, como evidencia de la importancia de una “escritura participativa” e inclusiva en el ámbito periodístico, está el reciente desarrollo de múltiples manuales de estilo para abordar temas de género y relacionados con la diversidad sexual. Precisamente, esta semana en Teorías y Prácticas Periodísticas el profesor nos compartió un manual para  la cobertura de asuntos de género, por lo que de inmediato lo relacione con la exposición del lunes. Resulta curioso el modo en que, ocasionalmente, clases sin aparente conexión acaban complementándose o abordando temas similares.

No obstante, la importancia del lenguaje inclusivo, tanto en lo académico como en lo periodístico, va más allá del hecho de que sean temas vigentes o “de moda” en la palestra pública; retomando lo dicho al principio de esta bitácora, sobre la equivalencia existente entre las palabras, el lenguaje y la masa para buñuelos, la trascendencia de un lenguaje más presto a la participación y representación de todos los miembros de la sociedad, radica en el hecho de que es mediante las palabras que construimos conceptos, definiciones e ideas que nos ayudan a entender y comunicar el mundo y todo lo que nos rodea.

Sin embargo, esas categorías construidas mediante el lenguaje pueden estar cargadas de estigmas, prejuicios y sesgos culturales que acaban por dar vida o mantener ideas discriminatorias y lesivas para sectores particulares de la población. Así, debido a que es mediante el lenguaje que interactuamos en la cotidianidad, este tipo de prácticas nocivas pueden acabar minimizadas, normalizadas e invisibilizadas, de ahí la trascendencia de llamar la atención sobre formas de expresión incluyentes y respetuosas de las diferencias para romper y deconstruir esas categorías del lenguaje que impiden relaciones sociales basadas en la igualdad.


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