Semana 7: Reaprender a aprender.


“Usted no está en la universidad para repetir lo que otros dicen; está para aprender a ver el mundo desde una perspectiva científica y comunicarla”

Esa frase es la descripción de la biografía de la cuenta de Twitter de la clase, que en consonancia con la metodología y dinámica de la misma, da cuenta de la importancia de un proceso de aprendizaje autónomo y consciente, que trascienda las barreras de la memorización y la obligación como método de enseñanza.

Desde el primer día, Información y Documentación tuvo un desarrollo distinto, atípico en comparación con el resto de las clases, por ejemplo, en lugar de la típica presentación incómoda de “nombre, semestre, edad y carrera”, cada uno intentó representar su identidad en un dibujo que fue interpretado y descrito por algún otro compañero de la clase. Así mismo, desde un comienzo el profesor manifestó su interés por asegurarse de garantizar un proceso de apredizaje real, lo que me hizo pensar en cómo para la mayoría de los profesores, la comprensión, entendimiento y aplicación de sus conocimientos por parte de los estudiantes, es casi insignificante. Es como si no fuesen del todo conscientes del poder, importancia e influencia de su rol como profesores y difusores de conocimientos o, como si estuviesen al tanto, pero se negaran a hacerse cargo de las responsabilidades que ello acarrea.  Situación que me resulta curiosa, por decirlo menos, pues ¿qué sentido puede tener tomarse el tiempo de preparar una clase y organizar los temas, si no hay interés alguno por asegurarse de que, tanto el tiempo invertido como su conocimiento, sean de utilidad para alguno de los estudiantes?

Probablemente, sea esa falta de interés y pasión por enseñar lo que explica tanto la poca dedicación de algunos docentes, como la apatía y malos resultados de los estudiantes. Con esto, no quiero decir que el profesor deba convertirse en alguna clase de animador o coach inspiracional encargado de motivar a sus alumnos a interesarse por el conocimiento -pues eso es un asunto totalmente personal y relativo al compromiso de cada persona con su proceso de aprendizaje- pero sí, que en sintonía con la responsabilidad de su trabajo, muchos, deberían repensar sus metodologías y estilos de enseñanza.

Toda esta “reflexión” como resultado una conversación con varios estudiantes de la facultad y la decana, en la que, estudiantes a punto de graduarse esta semana (o sea personas con al menos cinco años dentro de la carrera y la universidad)  se quejaban de los mismos profesores y las mismas clases mediocres, básicas y repetitivas que estudiantes de semestres menores. Con esto me di cuenta de que, pese a que uno de los pilares del aprendizaje es la autonomía, compromiso y disciplina del estudiante, es muy difícil construir conocimiento en profundidad y reflexionar en torno al mismo cuando los profesores se resisten a, por absurdo que suene, reaprender a enseñar, modificar sus temas, actualizarse, innovar o, simplemente, cambiar las diapositivas de Powerpoint que usan desde hace diez años.  

Precisamente en relación con la metodología de los profesores, siete semanas y 14 clases después, es seguro decir que, al menos en lo que respecta a Información y Documentación, en contraste con el promedio, me he encontrado con un profesor más propositivo, consciente e interesado por el modo en que comunica el contenido de la clase a sus estudiantes.

Así, retomando el asunto de la autonomía, además de contar con una lógica de enseñanza diferente, las clases han transcurrido como un proceso de construcción del conocimiento basado en una reflexión crítica de nuestra parte, tal y como como lo han constatado la elaboración de las bitácoras que semana a semana sirven como espacio para  resumir, relacionar y consolidar lo aprendido en información y documentación con los temas de otras clases o incluso, con debates y discusiones de actualidad como el impacto de las redes sociales en la sociedad. Las mil doscientas palabras aún se sienten como un pequeño reto pero, si es cierto que “la practica hace al maestro”, espero que para el final del semestre resulte más sencillo y eficiente el proceso de escritura de estos textos.

No obstante, además de las clases que han tenido lugar hasta la fecha, la prueba máxima de la lógica de “libre albedrío” bajo la cual parece operar el profesor, fue el parcial; en el que, no solo tuvimos la posibilidad de revisar nuestras notas y apuntes, además -a lo mejor, como una prueba de nuestra honestidad y madurez- tuvimos varios momentos sin supervisión, en los que el profesor se salió del salón y rompió con toda mi lógica de los profesores como policías y vigilantes desconfiados y paranoicos en época de parciales.

Fue precisamente esa libertad concedida durante el proceso de evaluación, la que me llevó a pensar en la cita con la que inició esta bitácora, pues de forma errónea asociamos el aprendizaje con la capacidad de memorizar y repetir, de ahí el que en muchos exámenes los mejores resultados sean para el que mejor transcriba planteamientos teóricos y conceptos, no para el que mejor los comprenda. A su vez, esto último se relaciona con el tema de la autonomía pues, como estudiantes, muchas veces nos limitamos a memorizar en lugar de asegurarnos de entender y comprender la información que recibimos para tener la capacidad de establecer análisis, reflexiones y lo más importante, una aplicación real del conocimiento. Todas, habilidades que dependen  mayormente de la iniciativa personal y no de las indicaciones y teorías del profesor.

Comentarios

Entradas populares