Semana 2


“La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil y el escribir lo hace preciso” con esa frase inició la clase. Antes de leer algunas de las bitácoras escritas sobre la primera semana, el profesor se refirió a la importancia del ejercicio dentro de la consolidación del aprendizaje y el desarrollo de las capacidades necesarias para tener una adecuada gestión de la información. La “cultura del registro”, como la nombró el profesor, asegura la condensación de la información que recibimos. Además, al escribir se desarrolla la capacidad de observación y el pensamiento crítico, de ahí la relevancia de tener un registro físico de todo el conocimiento y los datos con los que interactuamos diariamente.

Debo admitir que, en principio, no tenía mucho sentido para mí el registro semanal en la bitácora; sin embargo, tras escuchar esa frase y ver las cosas en perspectiva, me percaté de lo evidente:  Para una persona como yo, con memoria selectiva y limitada básicamente a lo puesto en el papel y en tinta, la escritura es parte vital para afianzar el conocimiento, ordenar las ideas y recordar a largo plazo. En ese sentido, pese a que 1200 palabras y dos páginas siguen siendo motivo de angustia y ansiedad, ya me cuesta menos encontrar el objetivo de esta tarea.

Retomando lo ocurrido en la clase, una vez leímos los textos de dos personas de la clase, el profesor realizó algunas correcciones de redacción y estilo e hizo una serie de recomendaciones para perfeccionar y facilitar la escritura, como parte de esto nos describió los niveles de lectura y escritura, siendo estos:
-Nivel literal: Lo que es explícito evidente o textual.
-Nivel Inferencial: Aquello que es implícito y da lugar a la interpretación
-Nivel intertextual: Establecimiento de relaciones y/o conexiones con otros textos, referentes o autores,
-Analítico, crítico y propositivo

Todo eso, para mostrar el objetivo detrás de las bitácoras: Que al cabo de un tiempo, nuestra escritura ascienda progresivamente desde lo literal, hasta lo crítico analítico para que al establecer conexiones múltiples entorno a la información, se genere conocimiento y aprendizaje. 

Acto seguido, para ilustrar lo que comprende el pensamiento del cuarto nivel, o pensamiento crítico, toda la clase respondió algunas preguntas de selección múltiple que sirvieron para poner en práctica nuestras habilidades como lectores y materializar cada uno de los niveles explicados por el profesor acorde al tipo de pregunta. Luego de esto, el profesor solicitó que en parejas construyéramos dos preguntas, parecidas a las del ejercicio, con base en las lecturas asignadas para la clase. Las preguntas fueron enviadas por correo y socializadas la siguiente clase.

En la sesión del miércoles, durante la socialización, encontramos preguntas de todos los niveles y, en mi caso, frente a aquellas de tipo inferencial o intertextual, pese a que representan mayor dificultad, tanto en su construcción como a la hora de responderlas, fue claro el que cuestionar el texto desde este nivel e intentar descifrar la respuesta correcta, es un ejercicio que permite no sólo asumir una posición frente a la información, sino también sirve para complejizar y problematizar el texto para así, facilitar y profundizar su comprensión.

Aprovechando la discusión alrededor de las preguntas, abordamos algunos de los temas citados por estas y desarrollados a lo largo de las lecturas, fue así como llegamos a los sesgos de la información disponible en línea, particularmente de la información a la que accedemos mediante Google, el motor de búsqueda más famoso de la actualidad. Al respecto, nos ocupamos principalmente del algoritmo usado por Google para personalizar la búsqueda de sus usuarios, con base en la información de su huella digital, comprendida por sus gustos, intereses, fuentes y formas de información predilectas.

Posteriormente, en relación al algoritmo, el profesor nombró la teoría de la Burbuja Filtro que, básicamente, problematiza y estudia los efectos de la personalización del contenido en línea con base en la información obtenida por los algoritmos. Coincidencialmente, el día anterior en otra clase vimos el Ted Talk de Eli Pariser, y al igual que en Información y Documentación, hablamos sobre esta teoría y los efectos resultantes de que los resultados de búsqueda y los contenidos a los que tenemos acceso en plataformas digitales como Facebook, Instagram, Google, entre otras estén filtrados por un algoritmo.  Así, llegamos a la conclusión de que esto puede representar un problema u obstáculo, más que una ventaja. Puesto que, con la personalización de la búsqueda, vemos lo que el algoritmo cree que queremos ver, no lo que, o bien, necesitamos ver o en realidad queremos conocer.

Esto supone un inconveniente, debido a que el contenido consumido, en lugar de ampliar nuestras fronteras de conocimiento, las mantiene y limita aún más el conocimiento del que podemos disponer. Vemos lo que queremos ver, lo que nos resulta cómodo y atractivo, pero no aquello que puede llevar a cuestionarnos, a plantearnos nuevas posiciones o mostrarnos nuevas y distintas realidades.

Así, como resultado de los efectos del algoritmo, acabamos consumiendo contenidos que sólo refuerzan nuestra visión de mundo, promoviendo el ensimismamiento y la ignorancia frente a asuntos coyunturales de vital importancia, que por más que no figuren en los primeros lugares dentro de nuestra lista de intereses, es necesario conocerlos. Todo esto como muestra de una falta de sentido de responsabilidad cívica, respecto a la administración de los filtros a los que nos sometemos al usar Internet como fuente de información.

Durante la clase del miércoles pude ampliar esta reflexión con el documental Googleando a google, que relataba el proceso de fundación de la empresa y la invención del algoritmo con el que se personaliza la búsqueda de quienes usan esta página web. Este documental, me dio un nuevo elemento a analizar: particularmente, en el ámbito digital, la información es el activo más valioso de empresas como estas. Prueba de ello, es el modo en que con gmail, Google aprovechó para acceder a los datos de sus usuarios para posteriormente, traducir dicha información en publicidad.

Todo esto me creo un poco de curiosidad respecto a la cantidad de información personal que dejamos en línea y el modo en que esta, es aprovechada e instrumentalizada por otros para su conveniencia, para perfilar sus audiencias y definir mejor sus targets publicitarios.

No obstante, lo que me resulta más extraño es que, renunciamos a nuestra privacidad de forma deliberada. Incluso teniendo plena consciencia de que la  información subida a Internet difícilmente desaparece, seguimos usando despreocupadamente motores de búsqueda como Google o redes sociales como Facebook e Instagram. Es como si subestimaramos el valor de los datos que dejamos a nuestro paso por Internet y lo provechosos que estos pueden ser para bancos de datos, grandes compañías de publicidad o empresas encuestadoras.

En este contexto, quizá la mayor conclusión, en concordancia con lo dicho al cierre de la clase, es que hay un desinterés generalizado sobre la cantidad de información que revelamos al navegar línea y probablemente, dicho desinterés esté justificado en la practicidad y utilidad de Internet. En otras palabras, preferimos prescindir de nuestra información privada, que del uso de nuestras redes sociales o nuestro correo electrónico, porque dejar de usar estos últimos sería poco práctico y dispendioso en el marco de un mundo globalizado e interconectado.

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