Semana 4: 'Normas' APA
He de admitir que la paciencia y
la calma nunca han hecho parte del listado de cualidades que definen mi
personalidad. Desde que tengo memoria he sido amante del control y nunca he
sido buena para esperar. Podría decirse que vivo con los hombros arriba,
tensionada y pensando en la siguiente cosa por tachar en mi lista de
pendientes. Como resultado de esta situación, la semana pasada mi cuerpo
sucumbió ante el estrés y me dio un espasmo muscular -como lo llamó el médico
que me atendió- que me obligó a levantar el pie del acelerador y, por un par de
días, reaccionar ante la vida en slowmotion y somnolienta, por cuenta del
analgésico y el relajante muscular que me recetaron.
Como parte de las consecuencias
no deseadas de mi dolor de hombros y espalda, tuve que usar el tiempo de la
universidad para ir al doctor y no asistí a la clase del lunes, por lo que
ahora me pregunto ¿será suficiente la asistencia a una única clase para llegar
a las mil doscientas palabras que debe alcanzar este texto?, espero que sí.
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Pese a mi ausencia del lunes,
intenté ponerme al día con lo visto en clase y me contaron que además de la
habitual lectura de algunas bitácoras, empezamos a aproximarnos a la búsqueda
de información mediante bases de datos como Google Scholar, Scope y otras
herramientas como la sección de repositorios de la Javeriana.
De la información que me dieron
respecto a lo transcurrido el lunes, me llamó la atención el hecho de que las
universidades sean clasificadas según la cantidad de artículos académicos
publicados y citados. Es como si el mundo académico también se hubiese visto
obligado a integrarse a la lógica de funcionamiento de las redes sociales y el
capitalismo, en donde el valor de las cosas está supeditado a la cantidad y a
los números, por encima de los procesos y la calidad detrás de todo lo que
producimos.
Considerando el hecho de que las
publicaciones académicas manejan estándares de calidad y requisitos sumamente
exigentes, es innegable el que la cantidad de artículos indexados y publicados
en revistas académicas y journals funciona como indicador de calidad y
legitimidad del conocimiento producido en el mundo universitario; sin embargo,
frente a esta situación resulta pertinente el siguiente interrogante: ¿Es la
cantidad de publicaciones académicas la mejor manera para clasificar a las
universidades como mejores o peores y además, medir la calidad del conocimiento
producido en la educación superior? No tengo una respuesta definitiva para esta
pregunta, pero si es importante pensar en las motivaciones existentes detrás de
la producción de conocimiento en el mundo académico.
En la clase del miércoles
entramos en materia y el profesor explicó algunas de las pautas y
requerimientos existentes alrededor de las publicaciones académicas según las
normas APA, que en realidad nunca han existido, pues en realidad debería
hablarse de estilo APA y no de normas APA, como estamos acostumbrados. Vimos
once tipos de publicaciones académicas y una a una, establecimos la estructura
y elementos necesarios para su publicación según los lineamientos APA.
Algunos de los tipos de
publicación explicados fueron los informes breves, los obituarios, las reseñas
de libros, los estudios de caso, los artículos metodológicos, los papers o
artículos científicos, entre otros. Al final, y como estrategia para afianzar
lo aprendido con la exposición del profesor, usando gomitas como incentivo para
la participación respondimos una serie de preguntas en las que el estudiante
más rápido y con la respuesta correcta se llevaba como premio una gomita en
forma de oso.
Pese a que el dominio de las
“normas APA” parece ser un prerrequisito imprescindible en todas las materias
de la universidad e, incluso después de cinco años de incontables trabajos y
escritos con referenciación de este tipo, todavía me encuentro a mí misma
buscando en Google, una y otra vez al llegar al final de cada trabajo: “normas
APA sexta edición”. Por esto, a pocos
meses de empezar el largo proceso del trabajo de grado, considero fundamental abordar
APA en profundidad, para tener certeza respecto a la estructura adecuada para
un texto académico y el modo correcto de referenciación respecto a las fuentes
empleadas. Lo cierto, es que la referenciación según APA puede
convertirse en un proceso tortuoso y confuso debido a la gran cantidad de
formas y tipos de referencia según el tipo de autor y la
fuente de información. Por eso, espero que con esta clase, las
exposiciones y explicaciones sobre estas normas me resulte más
fácil y rápida la mecanización y aprendizaje de las diferentes clases de
referencias.
Después del profesor, dos
compañeras de la clase se encargaron de exponer la estructura de un paper o
artículo científico. Como era de esperarse, empezaron por explicar el título,
que no debe sobrepasar las 12 palabras, debe resumir la idea principal del
texto, ser preciso y claro y evitar a toda costa el uso de abreviaturas y
palabras inútiles. El segundo elemento, referido a la información del autor,
debe limitarse al nombre de este, su afiliación institucional y el lugar de la investigación,
dejando de lado los títulos de formación académica. En tercer lugar, se
encuentra el resumen que es parte fundamental del texto, pues es lo que
comunica brevemente y en pocas palabras el contenido de la investigación. De
algún modo opera como gancho para que el investigador filtre sus fuentes de
información y decida qué usar y qué no según el propósito de su investigación.
En cuanto a los requerimientos de este, vimos que debe ser global, preciso, no
evaluativo, debe generar interés y tener entre 150 y 250 palabras máximo, así
como 5 palabras clave para facilitar la delimitación del contenido a los
lectores.
Otras secciones del paper o
artículo científico son la Introducción, la metodología y los resultados. En
cuanto a la primera, esta debe dar cuenta del problema específico, los
objetivos primarios y secundarios, la pertinencia del tema de investigación o
justificación, el marco teórico y el estado del arte del tema. Por su parte, la
metodología debe ofrecer información respecto a los aspectos “técnicos” de la investigación
tales como las mediciones usadas en la misma, el muestreo de la población
analizada y su respectiva caracterización, con datos como la edad, el sexo y la
pertenencia a un grupo étnico. Por último, los resultados deben servir de
resumen y análisis de lo analizado y es clave publicar tanto lo que salió como
se esperaba como aquello que no.


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