Semana 10
Para ser sincera,
todo el mundo del coaching, la superación personal, la programación neuro
lingüística motivacional y demás, nunca me ha llamado la atención o generado en
mí un poco de convicción y credibilidad en torno al mensaje de este tipo de
inventos del mercadeo, que, en muchas ocasiones acaban siendo tan sólo una
fachada para estafar a las personas y tomar su dinero con el pretexto de
venderles una “nueva visión de vida” que exceda sus expectativas y los lleve a
supervivir.
Sin embargo, sería
incorrecto generalizar y acusar a todo este tipo de negocios de estafar a las
personas. Seguramente hay muchos proyectos de coaching y superación personal,
que efectivamente cumplen con su objetivo y ayudan a las personas a explotar
plenamente su potencial. Pero, lamentablemente, en la misma medida hay quienes
con base en libros de autoayuda y cursos cortos, sin la preparación adecuada se
autoproclaman como coach personales sin contar con respaldo o evidencia alguna
de los resultados de su trabajo.
Además de concebir
este tipo de actividades como poco confiables debido a que en realidad son un
negocio rentabilizado por la ignorancia de las personas y la habilidad de
quienes hacen parte de este, para aprovecharse de las flaquezas y debilidades
de criterio de algunas personas; creo que todo el discurso detrás de estos 'procesos de transformación' está montado sobre una actitud de positivismo que
acaba por trascender a la ingenuidad.
No es que ser
positivo sea algo malo o sinónimo de credulidad, nada es malo dentro de límites
razonables y sin tender a los excesos. El problema con muchos de estos
programas de coaching y crecimiento personal es que venden ideas que pasan de
lo positivo a lo absurdo a costa de la ingenuidad de algunos. Ideas como que todo es posible o si lo crees, lo creas suenan maravillosas, motivadoras,
pero ¿son generalizables y reales? no lo creo.
En el mundo real,
en el que prima la violencia, la pobreza, la desigualdad; en donde la riqueza
de todo el planeta está concentrada en 26 personas multimillonarias con todo y
las creciente cifras de pobreza, que al día de hoy llegan los 3.800 millones de
personas (ONG Oxfam Internacional, 2019) en ese mundo, las posibilidades son
contextuales y están limitadas por el dinero con el que cuenta una persona y
las oportunidades de educación y calidad de vida que este puede ofrecerle. En
este mundo, para la inmensa mayoría de personas viviendo en situación de
pobreza extrema, hambre e inanición, la idea de que si lo crees, lo creas no
es del todo cierto, pues no cuentan con las condiciones materiales, sociales,
culturales, económicas o de salud para materializar sus sueños e ideas.
En el vídeo Hábitos de la gente con alta inteligencia emocional de Juan
Diego Gómez (2015) sobre la relación de la inteligencia emocional y las finanzas,
Gómez sostiene que “a veces es bueno gastar más de lo que se gana” porque esto
hace que las personas busquen nuevas y mejores entradas de ingresos para asumir
ese gasto. Además, dice que “cuando uno se arriesga a gastar, a darse gustos y
a vivir la vida, se está dando un mensaje: yo soy capaz de pagar este gasto”.
Ese tipo de
afirmaciones son un ejemplo de lo ingenuas y absurdas que pueden llegar a ser
algunas de las ideas vendidas por este tipo de 'iniciativas para el cambio y la
transformación'. Es probable que para alguien con un estilo de vida cómodo, con
un empleo estable, formación y trayectoria profesional este tipo de
planteamientos no sean tan descabellados, pero para una persona de escasos
recursos, sin educación y con el dinero apenas suficiente para sobrevivir, la
idea de exceder sus gastos como excusa para motivarse a buscar mejores
ingresos, es incongruente e insensata
por el simple hecho de que, así quisieran explorar nuevas alternativas para sus
ingresos, seguramente no cuentan ni con
la educación, ni con las habilidades que requiere el mercado laboral.
Sostenimientos como los referenciados anteriormente, carecen de contexto, de realidad. En un país como Colombia, donde
el salario mínimo resulta insuficiente para cubrir las necesidades básicas y
acceder a un estilo de vida medianamente cómodo, decir que la gente no progresa
por falta de dinero, sino por exceso de miedo o que para mejorar las finanzas y
vivir una 'vida púrpura' basta con tener dominio emocional, expectativas que
excedan la conformidad y voluntad para crecer, resulta absurdo; puesto que los
factores que explican la pobreza, la desigualdad, los bajos ingresos y las
limitadas opciones de acceso a un empleo bien remunerado, obedecen a problemas
estructurales e históricos, que difícilmente se resuelven con actitud positiva,
inteligencia emocional y la añoranza de una vida extraordinaria.
Quizá, lo único con
lo que estoy de acuerdo en cuanto al vídeo es que uno no puede hablar
certeramente de las cosas que no ha tenido o las experiencias que no ha vivido,
por lo que es probable que, mi opinión y percepción frente al tema en general,
están relativamente sesgadas o equivocadas en alguna medida. A lo mejor el
discurso de la superación personal y el coaching personalizado en realidad
transforman vidas, por su puesto las vidas de personas con condiciones
sociales, económicas y culturales muy particulares que, para empezar, tienen
los recursos suficientes para pagar este tipo de cursos.
Desde mi
experiencia, lo más cercano que he tenido al tema fue un curso en el colegio,
por el estilo de los programas de coaching, que se llamaba Alianza Viva. El
curso, tenía varios módulos, cada uno duraba tres días, en los que mediante
diferentes actividades grupales se buscaba potenciar las habilidades y
capacidades de las personas para combatir sus inseguridades, miedos y
obstáculos mentales.
Cuando el colegio
empezó a vender el curso casi que como algo 'voluntariamente obligatorio',
empecé a experimentar desconfianza hacia este tipo de formación para la
transformación, pues por el modo en que hablaban del tema, me parecía más un
lavado cerebral y una forma de manipulación que cualquier otra cosa. Además,
cada módulo tenía un costo altísimo y como el negocio era del colegio -del que
no era muy fan- y, además, siempre he tenido conflictos con las figuras de
autoridad y el hacer cosas que otros me imponen, decidí no hacer ninguno de los
módulos y al final, fui de las pocas de mi promoción que no participó del
curso.
Creo que mi
incredulidad frente al tema de la formación para el emprendimiento y el crecimiento
personal con base en la motivación, en parte, proviene de esa experiencia en
particular y de los comentarios que escuché posteriormente de mis amigas y
compañeros del salón que sí pagaron el curso, pues por diversos motivos empecé
a ver todo esto como una forma de manipulación y un negocio deshonesto que en
realidad no cumplía con las promesas y resultados esperados bajo los cuales se
publicitaba.


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