Semana 8: APA ¿por qué y para qué?
Esta semana fue todo un reto, pequeño, pero reto al fin y al cabo. Para empezar, el miércoles tuve un parcial que, con base en la cantidad de lecturas y la extensión de los temas vistos en lo que va del semestre, creía que sería muy extenso y complicado. Dedique el fin de semana, el lunes y martes a ese tema y al final, fue extenso, pero no complicado; además, a último momento el profesor nos permitió usar las lecturas y apuntes, lo que sin duda alivianó en gran medida el estrés y ansiedad alrededor de ese día. Sumado a ese examen, que era algo así como la línea de meta de la semana, la gripe se apoderó de mi alma y mi cuerpo dejando mis capacidades físicas y mentales reducidas al setenta por ciento y complicando aún más mi paso por lo que restaba de semana, añoraba el fin de semana y la privacidad de mi casa para resguardarme del mundo en compañía de mi congestión nasal y malestar general. Por cuenta del resfriado falte a la clase del miércoles, me perdí mi materia favorita en la tarde del viernes, y a una invitada de lujo, Sara Trejos, co creadora del Presunto podcast, quien, según mis compañeros, dio una charla muy productiva y esperanzadora sobre el oficio del periodismo.
Después de todo esto y un par de cosas más, sobre las que no entraré en detalle, con algo de dificultad llegué al fin del semana y, aún enferma y sin mucha motivación, aquí estoy frente al computador, con página y media en blanco, esperando a que las palabras y la inspiración lleguen a mí para ser llenadas y subidas al blog como parte de la bitácora de la octava semana de clase. Así que: aquí vamos.
¿Cuántas de las cosas que hacemos a diario las hacemos conscientemente, enterados al cien por ciento de la lógica o razón existentes detrás de esa acción en particular? Tanto en la cotidianidad de acciones como dejar que la gente salga para luego entrar en los ascensores y el transporte público o el caminar siempre por la derecha, al igual que en el mundo académico con el uso del estilo APA, por ejemplo, muchas veces actuamos por inercia, en piloto automático, e incluso, algunos dirían que orientados por el sentido común -pese a que este sea el menos común de los sentidos- sin comprender del todo la razón por la cual hacemos ciertas cosas en la forma y momento en que lo hacemos, sin cuestionar o ahondar un poco en la justificación o explicación para ciertas decisiones tomadas en el día a día.
Prueba de lo anterior es el modo en que, desde el colegio y durante los últimos cinco años de vida universitaria, he escrito n cantidad de trabajos académicos, ensayos, análisis, resúmenes, entre otros, justificando el cuerpo del texto a la izquierda, en Times New Roman 12, con interlineado doble y las citas de más de cuarenta palabras con sangría y un punto menos, solo porque sí, sin saber realmente la utilidad y el sentido que acompaña a estas reglas. Lo hice, y lo sigo haciendo, porque así lo dictaba la norma, simplemente porque era un requerimiento de los profesores y por desagradable y absurdo que me resultara el ver un texto sin justificar era lo que pedían los profesores.
He de admitir que muchas veces me cuestione sobre la necesidad de usar el estilo APA, pues en ese momento no entendía su proposito o razon de ser. Me parecía un requisito absurdo propio del mundo académico. No obstante, con Información y Documentación y, en particular, con la clase del lunes pasado, poco a poco he entendido su funcionalidad y utilidad.
Por ejemplo, me enteré de que el motivo por el cual se usa sangría en la primera línea de cada párrafo va más allá del capricho y se hace para diferenciar el inicio y el final de cada bloque de texto; también aprendí que se usa una tipografía en particular - Times New Roman- no porque sea más seria o bonita, sino porque debido a su forma y serifas es más fácil de leer y más “amable” con el ojo; que el uso de citas tiene un límite, pues su uso excesivo puede constituirse como plagio y que se escriben con un tamaño menor para diferenciar claramente las ideas de otros autores de las de quien escribe el texto y lo más importante, finalmente supe porqué -pese a lo visualmente perturbador que resulta para alguien como yo, con un poco de desorden obsesivo compulsivo- se debe dejar el texto sin justificar. Se hace para evitar espacios muy amplios entre palabras y debido a que es mucho más sencillo seguir la línea por la que vas leyendo en un texto alineado a la izquierda.
Como conclusión de todo esto, puedo decir varias cosas. Primero, que cuestionar e indagar sobre el porqué de las cosas, de las normas, de las costumbres etcétera, pone todo en contexto, en sus justas dimensiones y proporciones y además, facilita el proceso de comprensión y aplicación de los conceptos, ideas o reglas que nos generan duda. Segundo y último, que como era de esperarse, el estilo APA responde a una serie de justificaciones y necesidades de la redacción académica que justifican y ameritan su uso y que, lejos de lo que creí durante los últimos años, no son el resultado de una imposición caprichosa por parte de los profesores.


Comentarios
Publicar un comentario